La mutilación genital femenina (MGF) o ablación es el procedimiento mediante el cual se lleva a cabo la extirpación total o parcial de los órganos genitales externos femeninos, con objetivos que nada tienen que ver con razones médicas.

Los motivos que llevan a la perpetuación de la MGF son la tradición, la religión, la identidad étnica y de genero, creencias sobre cuestiones de higiene, estética, feminidad, pureza y virginidad.

La ablación, es por tanto, un reflejo de la desigualdad de género, es violencia de genero, es una forma de discriminación de la mujer, es una violación de los derechos humanos de mujeres y niñas.

Esta forma de violencia de género tiene una llamativa particularidad, que la hace diferente de la mayoría de las formas de violencia contra la mujer. Generalmente es ejercida y defendida por las propias mujeres de las comunidades donde se practica, por lo que irónicamente las mujeres son a su vez víctimas y ejecutoras de la práctica.

Según datos aportados por Naciones Unidas se calcula que hay al menos 200 millones de niñas y mujeres mutiladas en el mundo y que cada año se mutilan a alrededor de tres millones de niñas más.

Esta práctica puede derivar en hemorragias graves, quistes, infecciones, infertilidad, complicaciones en el parto, más riesgo de muerte de los recién nacidos, relaciones sexuales de calidad deficiente, consecuencias psicológicas e incluso la muerte de las niñas y mujeres a las que se les practica.

Algunos de estos problemas a menudo son conocidos por las comunidades donde se lleva a cavo. Sin embargo el no sometimiento a la ablación frecuentemente suele derivar en acoso, exclusión y discriminación, por lo que los riesgos de esta práctica pasan a un segundo plano.

Os animo a conocer la labor de la Fundación Kirira y su lucha contra la mutilación genital femenina.

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